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Las Murallas son el símbolo universal y monumento más destacado que acoge la ciudad de Ávila. Su importancia se deriva por ser el recinto amurallado medieval mejor conservado de España y probablemente de toda Europa.

Raimundo de Borgoña comenzó su construcción a finales del siglo XI por encargo del rey Alfonso VI de Castilla, el cual le ordenó repoblar y fortificar las ciudades de Segovia, Ávila y Salamanca. Casandro Romano y Florín de Pituenga pasan a ser los directores de la obra según la historiografía tradicional. En 1596 Felipe II realizó obras de restauración en la muralla. Se supone construida sobre el trazado de un campamento militar romano, con el cual coincide en forma y proporciones, aunque se cree que la muralla romana original tenía un perímetro inferior al actual, dado que la capital del centro y noroeste peninsular era León, con una muralla 1.780 m, y la de Ávila no podría ser mayor que la de la capital. En el lienzo del lado este pueden verse numerosas piezas reutilizadas que proceden de un cementerio romano: lápidas, cistas y cupas. Actualmente hay autores que dudan de la existencia anterior de una muralla romana, aunque las últimas excavaciones no dan lugar a duda de que realmente hubo muralla romana. Rodríguez Almeida ya demostró, entre otras evidencias, la existencia de dos torres originales de la primitiva muralla romana, empotradas en el cuerpo de la muralla levantada por los repobladores medievales en el Arco de San Vicente.

La muralla tiene hoy 2.516 m de perímetro, 2.500 almenas, 87 torreones o cubos y 9 puertas.

El objeto de nuestro levantamiento fueron los alzados ortofotográficos y secciones transversales de las Puertas del Alcázar y de San Vicente, a una escala 1:30. Las dimensiones aproximadas de los cubos de las torres son de 14x18 metros.

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Longitudinalmente, las puertas en cuestión tienen una orientación aproximada N-S, lo cual implica que las fachadas a levantar se orientan al E o al W respectivamente. Es por ello por lo que tuvimos que realizar una adecuada planificación de la toma fotográfica en lo referente al horario solar, para asegurar en lo posible los mínimos cambios radiométricos dentro de una misma fachada.

En los arcos interiores la toma fotográfica también se dificultó debido a las condiciones de menor iluminación y al poco espacio disponible para realizar las tomas (3 metros de anchura aproximadamente en el interior), lo cual generó que, a pesar de utilizar un objetivo gran angular, el número de fotografías necesarias para componer la ortofotografía final de esas zonas se elevara sustancialmente.

Respecto a aspectos externos que dificultaron el trabajo, cabe mencionar la caída de pequeños elementos de sillería debido al fuerte viento presente el día de campo, hecho que también condicionó el empleo de un láser de plano horizontal en vez de una plomada para la definición de la vertical del monumento.

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